¿Por dónde comenzamos? ¿Qué es esencial en taichi?

En la actualidad, cada vez hay menos personas que estudian las escrituras antiguas sobre la transformación interna en las prácticas de Taichi. Es significativo pensar, que después de acumular experiencias de tantas y tantas personas con gran motivación y determinación, que es recomendable seguir las indicaciones que dejaron como legado de su camino.

Hay muchos textos escritos sobre la práctica interna de Taichi en la historia de China, que nos proporcionan detalles de enorme valor para entender aquello que estamos trabajando en HunYuan TaiChi. Desde textos que se utilizan en escuelas taoístas de toda China como Cultivando la Quietud (T’ai Shang Ch’ing-ching Ching), el Clásico del Palacio Amarillo (Huang-t’ing Ching), la Triple Unidad (Tsan-tung Chi), el Clásico del Palacio Amarillo (Huang-t’ing Ching), o el Clásico de la Convergencia del Yin del Emperador Amarillo (Huang-ti Yin-fu Ching); como también escritos de heremitas y practicantes retirados, como los surgidos en las Montañas de Huashan, donde generación tras generación, practicantes llenos de compasión siguieron las instrucciones proporcionadas por taoístas como Wei BoYang, que después pasaron a Chung LiChuan, Ma DanYang o Sun PuErh, obteniendo el conocimiento completo y la experiencia del camino. Pasando después su realización a manos de personas como Lu TungPin, que vivió en retiro la mayor parte de su vida, o su seguidor Chen HsiI, ya en la dinastía Sung, muy reputado por el surgimiento del camino del XinYi LiuHeBaFa, o Camino de los 8 Métodos y las 6 Armonías, y el conocidísimo Chang SanFeng, fundador del Taichichuan, y que igual que Chen HsiI, escribió varios tratados sobre cosmología y transformación interna, y de donde vienen parte de los conocimientos que heredamos de Hu YaoZhen.

Todos ellos anduvieron el camino del autoconocimiento, dejando un sin número de detalles para recorrerlo con certeza y entusiasmo. Aunque los escritos son muy antiguos, y por tanto, algunos de los términos y contextos son anacrónicos, las coincidencias entre ellos son muy claras y permiten desvelar aquellos apartados que son más escabrosos, y que requieren de mucha paciencia y sensibilidad para experimentarlos profundamente.
Los pasos comienzan siempre por el trabajo con el cuerpo, luego las sensaciones, los estados mentales, el Chi, el Espíritu y la realización del Movimiento Real. Para todos ellos se requiere que exista madurez en la concentración del practicante, lo que se llama poner los fundamentos. Porque sin atención no hay sensibilidad, y sin la estabilidad de la atención no hay profundidad de la percepción. Chang SanFeng decía: “podemos pasarnos 30 años trabajando con la energía, pero si la atención no es precisa, las perturbaciones mentales harán que nuestros logros sean como una bolsa llena de monedas de oro y repleta de agujeros”.

T’ai Shang Lao-chun escribió en su libro “Cultivando la Quietud”, un texto que se cree que fue escrito en la Era de las Seis Dinastías (220-589), aunque su forma literaria es más del periodo de los Estados Guerreros (475-221 a.C.): “Si las personas podemos constantemente mantenernos claros y estables en nuestra concentración, la influencia del Cielo y la Tierra retornará a su centro en el interior del vientre. Debido a que el Espíritu tiende a su origen, mientras que es la mente la que puede dejarse llevar por la perturbación. Es por esto, que aquellos que no pueden regresar a la Tierra Pura en su interior son los que no mantienen su mente clara”.

Todos los textos sobre el trabajo de la transformación interior nos dicen, en sus primeros capítulos, que el fundamento del cambio se encuentra en la atención. Yang ZhenJi, hijo de Yang ChengFu, decía: “El secreto mejor guardado por mi familia es ser capaces de cambiar la forma en la que nuestra mente mira el mundo y observa el interior: si conseguimos centrar nuestra mirada, su expresión, la motivación y las inclinaciones en el interior, entonces el campo de cinabrio (DanTien) se convertirá en un océano de bienestar”.

Chang SanFeng, monje ermitaño que viajó por toda China difundiendo el cultivo del corazón por medio del Taichichuan, decía en un comentario a las Cien Palabras de Lu TungPin: “Es necesario si queremos generar la Medicina en el campo del Elixir, cuidarnos de la ira y del deseo. Para ello, necesitamos adiestrar nuestra atención antes de nada más. La estabilidad de la atención se le llama refinar el espíritu, la calma de la atención sobre el cuerpo físico se le llama refinar la vitalidad, y la calma de la atención se conoce como refinar la energía. Solamente comenzando por refinar el espíritu por medio de estabilizar nuestra atención, la energía y la vitalidad se combinarán de forma natural, y el estado original se hará accesible rápidamente”.

Para avanzar en la práctica de Taichi, lo primero que debemos hacer es regresar al cuerpo y a la respiración y mirar hacia adentro muy profundamente. Pero esto, aunque se hace sobre el cuerpo, lo hacemos con nuestra atención. Si nos damos cuenta de esto, al mirar hacia el cuerpo, reconocemos poco a poco que hay una tendencia que podmeos llamar distracción. Es importantísimo tomar conciencia que necesitamos conectar con nuestra dispersión, porque si no conectamos con ella, no conocemos nuestro dolor, nuestra tensión y nuestra insensibilidad. Si no cuidamos nuestro dolor, como vamos a poder transformarlo y trabajar con la energía. Para ello, necesitamos de atención y estabilidad. Cada uno de nosotros lleva dentro la semilla de la plenitud de la atención y la suavidad para cuidar nuestro dolor. Con la energía de la plena consciencia podemos comenzar el camino del Taichichuan. Sin trabajar el crecimiento de la plenitud de la atención no podemos ser conscientes de lo que está pasando. Todo el mundo que practica Taichi es capaz de ser atento con alguien o con algo. Practicar a diario el ser atento, fortalece la capacidad de ser plenamente conscientes en más momentos del día, para crear vínculos más estrechos con nuestro dolor y el dolor de los demás y poder cambiarlo.

Trabajar con la energía (Chi) no es un objetivo en sí, ya que el Chi también es algo que debemos de cuidar, a lo que tenemos que prestarle atención minuciosa y llena de suavidad. Es la consciencia plena el objetivo del practicante de Taichi. La consciencia plena puede estar presente en todo lo que hacemos. Si al beber un vaso de agua somos conscientes de que ese instante es precioso, y bebemos agua con plenitud, estamos bebiendo con plena consciencia.
Si nos centramos en cada movimiento de Taichi un poco más en nuestro cuerpo, respiración y en las sensaciones, estaremos haciendo crecer la consciencia plena, y puede decirse que el acto de movernos se convierte en un camino de transformación consciente. Igual que no bebemos agua con la boca únicamente, sino también con el cuerpo y la consciencia, así también hacemos Taichi no solo con el cuerpo.

Podemos practicar horas y horas en los movimientos físicos, o en ejercicios de respiración, o incluso hacer circular el Chi de aquí para allá, por unos canales y por otros, pero estos son objetos de la atención. Si mi atención es inestable e inmadura, y no puede ni mantenerse estables en el objeto de su atención un instante, cómo van a poder dominar la transformación del Chi o generar la sutileza de transmutarse en Shen.

En el Tratado del Orificio Misterioso (XuanWeiLun), escrito por Lu XiXing (1520–1606) se dice: “El espíritu es el pilar de la práctica de la transformación personal, porque cuando el espíritu es tímido, la fuerza generativa es débil y se disipa con facilidad; cuando es apasionado, la vitalidad se dispersa y el cuerpo se cansa en poco tiempo. Si es colérico, nos quemaremos y si es apático, nos sentiremos solos. Pero cuando su presencia es fuerte, nuestro interior se dice que tiene fuerza generativa (jingshen). Cuando su presencia es como la de un comandante, tanto la vitalidad como la fuerza interior se encuentran llenas de vigor y son serviciales como un ministro. Por ello, aquellos que quieran andar el camino deben de cuidar el espíritu”.

Podemos movernos con plena consciencia allá donde estemos y eso será hacer Taichi o al mover la forma de HunYuan Taichi, podemos concentrar toda nuestra atención en el cuerpo, la respiración, la mirada y las sensaciones para crear una transformación en la plenitud de la concentración. Observemos cada paso que demos y no pensemos en nada más que en que estemos haciendo plenamente, para que se llene de consciencia y gozo. A esto se le llama establecer los fundamentos, y es solamente el primer paso. Haciendo esto empezaremos a realizar Taichi de tal manera que cada paso nos traerá solidez, libertad, y dignidad.
Cada vez que nos desplazamos de un movimiento a otro, podemos hacerlo llevados por el pasado y las tendencias acumuladas, o por medio del trabajo de trasformación en el presente de la plenitud de la atención. La plenitud de la atención no condicionada es parte de nuestra naturaleza original. Desde que somos niños hemos practicado la atención, pero con el tiempo hemos dejado de prestar atención y hemos comenzado a pensar en aquello que prestamos atención. Y de esta forma en vez de conocer y experimentar, estamos constantemente pensando. Lu XiXing dice: “Cuando experimentamos desde nuestra naturaleza original nos encontramos en el presente, y la mente se hace estable. Mientras que cuando experimentamos desde nuestras tendencias, nos vaciamos por dentro. Cuando la estabilidad de nuestra naturaleza original se alarga en el tiempo se vuelve como las raíces de un árbol, de esta manera la fuerza generativa no se disipa. Cuando la fuerza generativa o Jing, no se disipa, la vitalidad o Chi se vuelve plena. Esto se debe a que, si no existe excitación en el interior, el fuego del Corazón no llameará en exceso, el agua interna no se secará, y consecuentemente la fuerza generativa se estabilizará en el cuerpo”.

Zhang Sanfeng, dijo: “Para explicar qué es el espíritu, debemos saber que cuando no existe artificialidad en la mente o condicionamientos pasados la mente es el líder natural del interior, a eso se le llama espíritu. También se le llama la mente verdadera, Solo cuando usamos la mente de plena atención y presencia, la medicina o energía vital que estamos utilizando, es la medicina real”.

Podemos pasarnos la vida dándole vueltas a los ejercicios corporales, a las respiraciones, a las visualizaciones bajando y subiendo, pero necesitamos de madurez en nuestra concentración, este no es el trabajo de la transformación interior del principiante. Por otro lado, podemos practicar la plenitud del trabajo de Taichi mientras comemos, caminamos o nos acostamos. La práctica de comer conscientemente nos puede aportar mucha alegría y felicidad. Primero nos sentamos a la mesa en una posición estable y contemplamos la comida. Luego, en forma consciente, le sonreímos. La comida es una embajadora que nos visita del Cielo y de la Tierra. Cuando miramos una hoja de lechuga, podemos tratar de ver una nube flotando en su interior. Podemos tratar de ver la lluvia y el sol que brilla. Podemos darnos cuenta de que esta hoja de lechuga forma parte de la Tierra y del Cielo.

No hay nada mejor para empezar el camino del Taichi que saber qué estoy comiendo, andando o respirando, y tratar de hacerlo desde la plenitud de la consciencia en el presente. Que en la experiencia de la forma de Taichi, solo esté la atención plena o espíritu vital; que los movimientos, la energía, la espada, las sensaciones, solo sean instrumentos para transformar nuestra atención, que, si están nuestra tristeza, o el miedo, les tratemos con atención y cuidado mientras nos movemos. Cuando realizamos cualquier desplazamiento sólo estamos realizando el movimiento. Lo realizamos con mucho aprecio, con el cien por cien de nosotros mismos. Sentimos una conexión con el suelo que pisamos, con el aire que entra y sale, con nuestras sensaciones de apertura y relajación, con las personas que nos rodean. Cada movimiento alimenta nuestro cuerpo y nuestras percepciones, también la vitalidad y la esencia, pero el pilar que sostiene el trabajo se encuentra en la plenitud de ser atentos con aquello que hacemos en el presente.